La fortuna personal de la reina Isabel II, quien falleció a los 96 años, había sido estimada por el Sunday Times en 370 millones de libras (US$ 462 millones), una cifra pequeña en comparación con la riqueza de las personas más adineradas del mundo.
Elon Musk, por ejemplo, tiene un patrimonio neto de más de US$ 262.000 millones, según la clasificación en tiempo real de Forbes de las personas más ricas del mundo.
Sin embargo, la reina también tenía sus propios bienes personales, incluido el castillo de Balmoral en Escocia y Sandringham Estate en el este de Inglaterra. Ambos los había heredado de su padre.
Pero su riqueza se extendía mucho más allá de los bienes raíces. La reina también poseía una valiosa colección de sellos, numerosas obras de arte y una cartera de acciones.
Otros activos estrechamente asociados con la reina, incluidas las Joyas de la Corona y muchas obras de arte, en realidad son propiedad de Royal Collection Trust, una organización benéfica.
La reina (y el heredero de su trono, el príncipe Carlos) recibía la mayor parte de sus ingresos del gobierno y de sus propiedades privadas.
Las tres principales fuentes de ingresos de la monarca eran la Subvención Soberana, la herencia del Ducado de Lancaster y sus bienes e inversiones personales.
La Subvención Soberana, una suma global anual del gobierno, es esencialmente una cuenta de gastos que cubre los costos de viaje, seguridad, personal y mantenimiento de los palacios reales.

