Cuba vive uno de los peores momentos de su crisis económica endémica, acentuada por una implacable falta de combustible que le ha hecho recurrir a la ayuda de su vieja aliada Rusia.
Jorge lucha para mantener su carro rodando. Las refacciones son escasas y costosas. Llenar el tanque con combustible es una tarea que dura días.
En lo peor de esta crisis, las colas de carros en las gasolineras se extendían por varias manzanas.
Llegó un punto en que el Estado tuvo que organizar las colas de conductores en grupos de WhatsApp.
Un funcionario recoge los contactos de los conductores y les da un número. Cuando les toca el turno de llenar, les contactan para acudir con su carro.
«Tengo el número 426», explica Jorge mientras maneja hacia una gasolinera en La Habana tras haber recibido el aviso.
Pero cuando llega a su posición no hay petróleo. El tanquero no llegó. «No sé por qué me pidieron venir», se queja Jorge.

