La Sororidad Se Demuestra Con Hechos/Art. de Cristina Rodríguez Mota

Por Carmelo Soriano

Aunque no pude estar presente físicamente en el XIX Congreso Internacional de Comunicación Política, seguí con atención y analicé sus diferentes espacios, ponencias y debates. Y hubo un momento que, por mi compromiso con los derechos, la igualdad y la participación de las mujeres, considero que no debe pasar inadvertido.

La periodista y dirigente política Julieta Tejeda tomó la palabra. Su intervención podía gustar o no, podía resultar incómoda, extensa o no responder directamente a lo esperado. Eso forma parte del debate y puede ser cuestionado.

Lo que no debemos normalizar es que una diferencia termine convirtiéndose en descalificación o en el intento de silenciar una voz.

Primero está la dignidad de la persona. Segundo, el respeto que merece como profesional. Y tercero, su derecho a expresarse libremente, incluso cuando sus palabras incomoden o generen desacuerdo.

Podemos coincidir o no con las ideas políticas de Julieta Tejeda; podemos militar en organizaciones diferentes y defender proyectos distintos de sociedad. Pero nos une algo que está por encima de esas diferencias: somos mujeres, somos dominicanas y somos ciudadanas sujetas de derechos.

Y es precisamente ahí donde la sororidad adquiere verdadero sentido.

No necesito compartir sus ideas para defender su derecho a expresarse y a ser tratada con dignidad. Tampoco necesito pertenecer a su organización política para entender que, frente a una descalificación pública, la solidaridad entre mujeres debe hacerse presente.

Ese era un momento para la sororidad.

Hablamos de igualdad, de participación de las mujeres, de violencia política y de violencia digital. Pero esos principios pierden fuerza si solo los defendemos cuando afectan a quienes piensan como nosotras.

La solidaridad no puede quedarse en el discurso. La solidaridad se practica con hechos. Y la sororidad también.

Mi reflexión no busca una confrontación personal con nadie. Aspira a algo más importante: elevar el nivel del debate público y el estándar que debemos exigir a quienes ejercen liderazgo o aspiran a ejercerlo.

Quien aspire a dirigir, representar o influir sobre una sociedad debe demostrar que puede escuchar lo incómodo, aceptar el cuestionamiento y responder con firmeza sin despojar al otro de su dignidad.

El liderazgo no se demuestra silenciando una voz. También se demuestra teniendo la capacidad de escucharla y responderle con respeto.

Las mujeres hemos recorrido un largo camino reclamando nuestro derecho a hablar, participar, decidir y ocupar los espacios donde se construye el poder. Por eso, cuando una mujer enfrenta una descalificación pública, no podemos mirar hacia otro lado simplemente porque pensemos diferente.

Hoy fue Julieta. Mañana puede ser cualquiera de nosotras.

La sororidad no se proclama: se ejerce.

La solidaridad no se anuncia: se demuestra con hechos.

Y los derechos de las mujeres no pueden depender de nuestras coincidencias políticas.

Podemos confrontar ideas con toda la firmeza necesaria, pero jamás debemos perder el respeto por la persona.

Porque la decencia también es una forma de ejercer liderazgo.

La autora es titular de la Secretaría de Igualdad y Equidad de Género del Partido de la Liberación Dominicana

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