Cada semana en República Dominicana nos despertamos con una noticia desgarradora: otra mujer asesinada, otra familia rota, otra vida truncada por la violencia. Y mientras las cifras suben, muchas voces se apagan.
Pero yo me niego a quedarme en silencio. Porque esto no es normal. No puede seguir siéndolo.
Los feminicidios no son hechos aislados. Son el reflejo más extremo de una sociedad marcada por la desigualdad, la falta de justicia y la impunidad. Cada mujer asesinada deja huellas imborrables en sus hijos, sus madres, sus comunidades. Y muchas veces, antes del desenlace fatal, hubo señales ignoradas, gritos silenciados y sistemas que no supieron proteger.
Por eso, más allá de la indignación, hacen falta acciones reales.
Hace falta atención integral a las víctimas, con acompañamiento psicológico, jurídico y social.
Hace falta capacitación urgente al personal que atiende los casos, para que actúen con sensibilidad, prontitud y enfoque de derechos.
Hace falta educar a las familias, romper con la normalización de la violencia desde el hogar.
Pero sobre todo, hace falta trabajar con los hombres: educar en una masculinidad responsable, respetuosa, consciente de sus emociones y de los límites.
No podemos seguir construyendo políticas de igualdad sin incluir a los hombres en el proceso de transformación. La masculinidad tóxica mata, y el silencio institucional también.
Desde la Secretaría de Igualdad y Equidad de Género del PLD, reiteramos nuestro compromiso de seguir trabajando sin descanso por una sociedad libre de violencia. Una sociedad donde las mujeres puedan vivir sin miedo, y los hombres aprendan a relacionarse sin ejercer poder sobre nuestras vidas y cuerpos.
Que “ni una menos” no sea una consigna vacía.
Que sea una meta común, un pacto nacional, una urgencia del presente.
Por nuestras hijas. Por nuestras madres. Por todas nosotras.
¡Ni una menos!
La autora es titular de la Secretaría de Igualdad y Equidad de Género del PLD.

