Desde hace décadas, España se ha convertido en una economía cada vez más dependiente del gas natural bajo una política energética bendecida por los sucesivos Gobiernos de PSOE y PP en Moncloa. De hecho, bajo la presidencia de Pedro Sánchez se ha disparado el consumo y el gasto en las importaciones de este hidrocarburo.
No es por su uso para calefacción y agua caliente, sino por su rol como pilar del sistema generación eléctrico. Ligado estrechamente al petróleo, el gas natural ha adquirido el estatus de energía verde en la Unión Europea (UE) al igual que la nuclear como sostén y estabilizador de un mix eléctrico basado en renovables como la solar o la eólica que pueden llegar a ser volátiles.
Un ejemplo reciente fue el gran apagón del pasado 28 de abril en España y Portugal, cuando el sistema se vino abajo en todo el país después de episodios de sobretensiones y falta de capacidad convencional para mantener en línea la red eléctrica. Según los datos de Enagás de enero a septiembre, el uso de gas para generar luz se ha disparado un 36% respecto al mismo periodo de 2024.
Mientras eso sucede, el sistema ha dado pasos acelerados en la estrategia de prescindir del gas ruso justo cuando la red eléctrica atraviesa uno de sus momentos de mayor tensión en años. Entre diciembre de 2024 y septiembre de 2025, el país ha reducido la cuota del gas ruso del 21% al 4%, en un contexto marcado por el apagón nacional de abril y por el repunte del consumo eléctrico asociado al auge de la inteligencia artificial y los centros de datos.
Los datos de Enagás muestran que abril fue un mes crítico: tras el fallo eléctrico que paralizó parte del sistema, la generación con gas natural se disparó un 24% interanual, hasta 5,5 TWh, con los ciclos combinados funcionando a pleno rendimiento. Sin embargo, pese a esa mayor demanda, el suministro procedente de Rusia cayó al 13 % del total, frente al 44% de Estados Unidos y el 30% de Argelia.
A partir de ahí, la tendencia fue inequívoca. En junio, la entrada de gas argelino alcanzó el 43,6%, y la estadounidense se redujo al 15 % tras el repunte de precios en los mercados de GNL. En julio, con una nueva ola de calor y un incremento del consumo eléctrico del 32% interanual, los ciclos combinados quemaron 9,3 TWh de gas (el nivel más alto del año) y Argelia volvió a sostener el sistema con un 32,9% del suministro, seguida por Estados Unidos (23,8 %), Angola (13,3%) y Nigeria (9,7 %). Rusia apenas aportó un 6,9%.
En agosto y septiembre, la foto ha consolidad el giro: Argelia y Estados Unidos se repartieron el liderazgo con cuotas de 36–38%, mientras Rusia retrocedía hasta apenas el 4%. En paralelo, países africanos y latinoamericanos (Nigeria, Angola, Perú) han reforzado su papel como proveedores complementarios, aportando entre un 5% y un 10% del gas total.

