Santo Domingo, RD.- El presidente Luis Abinader aún no se acomodaba en su asiento para un nuevo período presidencial, cuando ya estaba convocando a un grupo de sus funcionarios que aspiran a sucederle en el cargo, con el propósito de motivarlos a no descuidar las responsabilidades de sus respectivos cargos, por centrarse en un proselitismo a destiempo.
Es probable que la intención del mandatario estuviera cargada de buena fe, pero como reza la expresión de los cristianos, “de buenas intenciones está empedrado el camino del infierno”, la convocatoria abinaderista desató los demonios, de esos “presidenciables” y de otros perremeístas que tenían bien disimuladas sus aspiraciones.
Unos lo hicieron de manera modesta, como Guido Gómez Mazara quien desde su valiente participación en la convención del 2023, se había limitado a promover un discurso unitario, orientado a que “cada funcionario diera lo mejor de sí para garantizar la capacidad y las posibilidades de éxito del PRM, de cara a los comicios del 2028”.
Otros como la vicepresidenta Raquel Peña, quien hasta el momento se había mantenido equidistante, develó sus reales intenciones, reuniendo a una rancia clase empresarial en el que fuera su nido de águila, la Universidad Católica Madre y Maestra de la ciudad de Santiago.
Lo hizo como lo hace cualquier cuidado de a pies que por lo regular juega lotería, recurriendo al albur de los sueños, “ soñando que iba caminando por las escalinatas del Palacio Nacional”, como si sus oficinas como vicepresidenta no se encontraran en la casa de gobierno.
El paso fue audaz, aunque no fue de las convocadas al Palacio para recibir “la bendición” del mandatario. Lo hizo plantando cara al recio liderazgo que patrocina el expresidente Hipólito Mejía, quien derrocha “alma, vida y corazón” a favor de su hija Carolina Mejía.
No hay que ser un super dotado para darse cuenta de que la estrategia de Abinader, desde un principio, ha estado orientada a apuntalar a su compañera de boleta como candidata presidencial en los próximos comicios.
Dispuso para la ciudad de Santiago la mayor inversión de recursos, como un monorriel y un teleférico, mientras en comparación, mantiene una exigua inversión en el Gran Santo Domingo, donde hace cinco años corcovea para terminar una obra tan demandada como el Metro de Los Alcarrizos o en el interior con la circunvalación de Bani.
Los críticos del gobierno analizan que ambas obras, el monorriel y el teleférico, solo aportan el 1 por ciento a la demanda de asiento de la pujante ciudad. De paso resaltan que Santiago padece males tan agudos como la falta de agua potable, deterioro de la electricidad, deficiencia en la recolección y deposición de la basura, todo esto enmarcado en un clima de inseguridad espantoso, entre otros.
El panorama político pinta que la señora Peña cuenta con el empuje de los grupos empresariales de Santiago y parte del Cibao, más, una parte importante de la estructura del gobierno -sin descartar a Abinader- para salir airosa en los comicios del 2028.
Aunque una parte del funcionariato, se muestra leal a Hipólito, en respaldo a Carolina, quien ha demostrado un fuerte arraigo en el Distrito Nacional, resultando airosa en dos ocasiones como Alcaldesa.
Otro que luce muy confiado en las bases del PRM es el actual Ministro de Turismo David Collado, según “voz populi” el alfil de los grupos empresariales más sólidos del país.
La lista de los aspirantes la completan, hasta el momento, Wellington Arnaud, actual director del INAPA, Eduardo Sanz Lovatón, director de Aduanas y Victor D’Aza, presidente de la Liga Municipal Dominicana, José Francisco Peña Guaba, de los Gabinetes Sociales del gobierno y Roberto Fulcar, ex ministro de Educación.
Los nueve dirigentes del PRM antes citados se disputan la candidatura presidencial para las elecciones del 2028.
Faltando tres años de gobierno, con un notable declive de popularidad, por la ineficacia al encarar problemas ancestrales, cada aspirante se muestra confiado en que ganara el certamen con suma facilidad.
Lo hacen confiados en que representando a un partido en el poder, que ha demostrado total desapego al rigor institucional, tienen garantizado su triunfo en el bolsillo pequeño de su pantalón, aunque en su trayecto hayan descuidado el cargo que paga la nómina que sustenta sus aspiraciones políticas.

