Municipio de Haina, San Cristóbal.- El cielo luminoso del sábado, los rostros relucientes de la gente y el bullicio ensordecedor en toda la calle las Caobas indican que hay algo especial en el ambiente…. ¡Es sábado de quincena! Los días marcados para el pago de salarios en el Ingenio son los 13 y los 28 de cada mes, por lo tanto, cuando una de esas dos fechas cae sábado, es como una celebración en todo el pueblo, la cual inicia desde las 7:00 am, cuando los pagadores se colocan en las diferentes estaciones de trabajo del área de “Caja y Pagos”.
Obreros y jornaleros, personal “Temporero y fijo”, de Oficina y de los Talleres, los Vigías y los Ferrocarrileros, en fin, TODOS desfilan con sus sobres amarillos en las manos o en los bolsillos, con el logo IRH en ellos, lo que indica que ya cobraron y que ahora toca cumplir sus compromisos de pago y después la diversión, aunque algunos solo se deciden por lo segundo, de manera inmediata.
Por eso, nuestra calle, desde los rieles hacia las oficinas del Ingenio se ha llenado de todo tipo de vendedores que ofrecen desde ropas de todos los estilos y colores, calzados de goma y de cuero y la insistente Guagüita Anunciadora con sus chancletas Samurái, Molenillos, rolos, redecillas y unas pastillas y pomadas mágicas que sanan todo tipo de enfermedad; tampoco falta una mesa con rones Brugal, Bermúdez, Barceló y también del Barbancourt, traído desde Haití. La calle es toda una explanada, es el centro comercial del pueblo, cubierto de diferentes colores, sonidos de carros, equipos y olores a fritura, a guineos maduros y claro, a bagazo hervido y al guarapo de la caña que se está procesando en el ingenio.
Posiblemente sean estas de las pocas oportunidades en las cuales podemos ver a “Luisita” en nuestro barrio, sin cantinas de comida sobre sus fuertes hombros, pues los sábados de quincena hace su aparición con su “confundible figura” de mujer, pero con un muy usado cuaderno y un lápiz colocado en su oreja derecha, en la búsqueda de cobrar a los que usaban sus servicios de comida, llevadas hasta el lugar de trabajo por ella misma. Vemos también a los prestamistas detrás de sus “clientes” habituales a los cuales, cobran hasta un 20% por el uso del dinero en los 15 días transcurridos (40% al mes y un 480% al año!!).
Vemos también a Cecilia, la del bar, en su confortable carro blanco y descapotable, bajar por las Caobas a hacer diligencias de cobro de uno que otro cliente moroso, que habiendo pasado por su negocio, se quedó sin dinero para pagar y debe “una salida”. Con RD$125.00 (Pesos) al mes, como sueldo promedio en el ingenio, los trabajadores y sus familias tienen que ingeniárselas para sobrevivir; algunos reciben los sobres con apenas un peso simbólico dentro de estos, pues entre prestamos de la Cooperativa del Ingenio, el Plan de Retiro, las Cuotas de la Asociación de Empleados y de los Sindicatos, el consumo en la Cantina del Club de la Playa y una larga lista de descuentos, sus ingresos han sido consumidos, antes de recibirlos. Muchos preferían no llegar a sus casas, hasta tres días después del pago, a donde llegaban sin un centavo en los bolsillos, pero con la alegría temporal y benevolente que otorga un jumo reciclado y “fiao”.
Todo hubiera pasado como un normal y feliz sábado de quincena, si un acontecimiento fuera de serie no altera el curso de los hechos; ese día y con el valor, el coraje y la locura que le suma el amor a los enamorados, Rafael Inoa-Paelo- un soldador y pintor de carros, descorazonado al sentirse rechazado por Agustina Batista, una joven del barrio Los Mangos, codiciada por su bella figura; se sube al techo de la casa de Don Menen y comienza a amenazar con lanzarse desde lo más alto, para demostrarle a la amada que no podía, ni quería seguir viviendo sin ella; tanto insiste el enamorado suicida sin actuar, que todos creen que son puras bravuconadas de éste, hasta que finalmente, FUA!!! Se lanza Paelo hacia el vacío dejando a todos atónitos; lo vemos caer en el piso de concreto del patio, del cual lo recogen ensangrentado y en mal estado, pero aún vivo.
Con tanta mala suerte que, a su amada Agustina, ni siquiera la tragedia la conmueve; al final lo vemos quedar mal herido y sin el amor de la doncella; como todo un “Romeo shakesperiano” de los años 70, solo que sin Julieta.
A pesar del desagradable suceso y de la pena compartida en el pueblo, en el cual la noticia corre como verdolaga, esa tarde del sábado de quincena la salva un juego de softball en el play de Gringo, entre los “Calderos y los Anafes”, dos equipos compuestos por jugadores de avanzada edad, los cuales hacen un juego ameno, con sus ya limitadas “destrezas” para el disfrute de los asistentes, pero que siempre me ha parecido que ellos lo gozan más que los fanáticos… Y más aún, un sábado de quincena, entre buenos tragos y amigos de toda la vida.

