El año 1972 fue fundamental para el nacimiento del Colegio César Nicolás Penson. Ese año Guillermo Sánchez, Héctor Jiménez, Rafael Mena y Franklin Álvarez, todos profesores del Colegio San Marcos, junto con Leandro Abreu, que se sumó a la idea, tuvieron la visión de llevar hasta Haina el modelo de Educación Comercial que ya funcionaba en varias ciudades del país, en especial San Cristóbal, donde ya este modelo daba sus frutos. Con muchos planes e ilusiones, pero sin un local en el cual dar inicio al proyecto educativo, lograron establecer un acuerdo con Don Socorro Pérez, el cual les ofreció las aulas Colegio San Rafael, en horarios vespertino y nocturno.
El proyecto fue creciendo y echando raíces en Haina, hasta que, en el año 1975, con el completo reconocimiento legal de la Educación Comercial en el país y la cantidad de alumnos registrados, el colegio se muda a su primer local propio (obviamente que rentado), en la calle Pedro Santana. Desde su origen, hacer “prender” la idea de aquel proyecto educativo, constituido en colegio, necesito de mucho afán, tesón y sacrificio de sus pioneros, a lo cual Haina supo responder con un gran apoyo y confianza, llevando a sus hijos a esas aulas, a pesar de las limitaciones del local, en términos de facilidades, comodidades y estética.
Sin embargo, cualquier falencia que pudiera tener el Penson, éste lo compensaba con la calidad de la planilla de profesores, su plan de estudios, las actividades extracurriculares que desarrollaba (Giras, Viajes, Excursiones), vistosas graduaciones y los múltiples equipos deportivos que patrocinaba (Softbol, Baloncesto y Atletismo) e incluso un coro de voces (Coro Ideal) el cual sostenía. Estos atractivos fueron sentando las bases de una institución fuerte en términos académicos y de imagen, aunque con continuos retos para cubrir la gran cantidad de gastos operativos que enfrentaba. Ya para ese año 1980 había dos claros lideres en el Penson, Guillermo Sánchez, administrador, el cual tenía que velar por la salud financiera de la institución y Leandro Abreu, director, el cual estaba al frente de todo el aspecto docente y magisterial de la institución. Para nosotros, recién llegados al Penson, estos dos profesores serian fundamentales en nuestra formación.
Ese primer año, nuestras primeras clases fueron de Mecanografía, lo cual constituyo una novedad para nosotros. En mi caso, varias veces había visto a mi padre y a mi hermana utilizar aquel extraño artefacto, con muchas teclas y una inmensidad de hierritos y palancas, el cual utilizaban para escribir en sus trabajos de la oficina de ingenio; nunca imagine que a mí también me iba a tocar sentarme de frente con aquello, frente a una máquina de escribir; la mecanografía era una de las materias básicas en el Colegio César Nicolas Penson y para ello había destinado un salón de mecanografía; un aula no muy grande, con unas 20 máquinas de escribir sobre sus mesas de trabajo.
Éramos tantos alumnos en el aula, que algunos, para poder aprovechar el salón de máquinas, íbamos a tomar clases en las mañanas; al entrar al salón por primera vez, nos recibió un fuerte olor a aceite 3 en 1 y a la tinta de las cintas de las máquinas, en todo el ambiente, pues justo en ese momento estaban practicando algunos alumnos del tercer año y a la velocidad a la que escribían y lo fuerte que le daban a las máquinas, parecía como si algunas de estas se fueran a desarmar en cualquier momento. Luego de esperar por una máquina, se desocupo una vieja maquina Remington, sin cinta, a la cual tuve que ponerle papel carbón para poder practicar y que las letras se marcaran en el papel de máquina. Allí empezó el uso del Método de Mecanografía y a practicar el básico “ASDFG” “LKJH”, para comenzar a conocer el teclado y luego vendrían las lecciones de: “El Tren de Lima sale de noche, debes estar a tiempo en la estación para no perderlo” y muchas otras actividades y prácticas que nos ayudarían a manejarnos con aquel aparato y que aun a algunos nos dan vueltas en la cabeza.
El profesor de mecanografía en ese primer año, lo fue el mismo Leandro Abreu, el cual corregía cada ejercicio, letra por letra e iba marcando con lapicero rojo, cada error mecanográfico; a las 10 fallas, había que repetir el ejercicio; esto se complicaba en la medida en que entrabamos en los ejercicios más avanzados, pues luego nos corregía los acentos y los signos de puntuación, casi con una lupa. La condición de la maquina (la mayoría bastante viejas y había que repararlas continuamente, por eso el olor a aceite) no era excusa para fallar en un ejercicio; las hojas escritas a máquina tenían que estar impecables, limpias y sin errores; de esto dependía la calificación de esta materia y aquello no se negociaba, pues el profesor insistía en lo mucho que esta materia representaba para el colegio.
Pero si el profesor Abreu era un celoso de sus clases de mecanografía, de las materias de Español y de Redacción Comercial era en las que éste se constituía en una verdadera roca. Su pasión por el uso apropiado del idioma, por el buen manejo de los pronombres personales, por la necesidad de la conjugación de los verbos en sus tiempos correctos, etc., lo hicieron famoso en todo el colegio (en todo Haina–), pues ante cualquier error gramatical, se lo reclamaba a los alumnos casi con obsesión, lo cual no todos tomaban de buena manera, aunque si con mucho respeto. Este extremo cuidado con el cual el profesor manejaba estas materias, nos exigía a nosotros preocuparnos no solo por escribir y hablar correctamente, sino también por cuidar los detalles al redactar, pues fácilmente la carta que redactáramos luego teníamos que mecanografiarla y el profesor nos iba a corregir cada detalle de esta; es decir, nos podía perjudicar en tres materias, que llevábamos con El, todas importantes para nosotros y además… Él era también el director del colegio y controlaba hasta el encendido de las luces del colegio.. Algunos todavía recordamos “la voz del pasillo” y nos reímos, pues a eso de las 5:00 pm, cuando ya no había claridad solar, Leandro le voceaba desde el pasillo a Altagracia, la Secretaria “La Luz, la luz!!”, instruyendo que encendieran las luces del colegio.
De otros profesores, por igual, queridos y respetados, continuaremos en la próxima….

